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lunes, 11 de enero de 2010

DE VUELOS Y HORIZONTES





Caminando por los lugares que acostumbro recorrer diariamente, es como me topo con cientos de personas día con día, de la misma forma comencé a toparme con textos, me conmovía la forma en que desde el piso me miraban, como palomas mensajeras caídas en combate, sus alas estaban mutiladas y aún así en el pecho guardaban el mensaje que sus amos tan celosamente les confiaron.


Estos textos son el rostro y la voz del otro, que me habla desde una plataforma de tiempo en que se ha detenido el mundo, sus voces siguen escuchándose, el fuego del mensaje continúa encendido y ansia llegar al lugar que era su destino.


Miro esos papeles y no puedo más que pensar en todo aquello que cargan a sus espaldas esas pequeñas gurruminas cuadriculadas, rayadas o lisas, me miro en ellas, como quién se refleja en los ojos del que puede ver su rostro, recuerdo la espera que yo he comenzado, ese anhelo por recibir el mensaje tan esperado y no puedo evitar el querer regresar al vuelo a ese otro que me pide concluir su ciclo, regresar al tránsito aéreo del que se ha alejado.


Es entonces cuando confecciono mariposas que eleven a estas palomitas, las lámparas chinas son esos milagros de papel picado que revolotean en las noches de verano de países lejanos, las que transportan deseos y suplicas, ahora transportan sueños y promesas.


Estas lamparillas contienen dos almas, la del otro que ha quedado al amparo de mágicas palabras, la mía que se ha impreso al unísono del vuelo que combina palomas y mariposas.



Les dejo ir, de la forma en que los otros se van de nuestras vidas y nos quedamos a la espera de un tal vez, de un próximo encuentro, de un nuevo encuentro. Tanto mío como de ese mensaje que vuela lejos de mí para cumplir con su propio ciclo.


El mensaje se convierte en un ave, un ave que vuela de un horizonte a otro, mientras viaja en el alambre de mis mariposas, esas que buscan convertirse en diálogo lanzado al viento.




LIED JARAN

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