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lunes, 1 de junio de 2009

DE CUERPOS Y MEMORIAS.

MA. Guadalupe Hernández González.

Cada ciudad puede ser otra
cuando el amor la transfigura
cada ciudad puede ser tantas
como amorosos la recorren
el amor pasa por los parques
casi sin verlos amándolos
entre la fiesta de los pájaros
y la homilía de los pinos
cada ciudad puede ser otra
cuando el amor pinta los muros
y de los rostros que atardecen
unos es el rostro del amor
y el amor viene y va y regresa
y la ciudad es el testigo
de sus abrazos y crepúsculos
de sus bonanzas y aguaceros
y si el amor se va y no vuelve
la ciudad carga con su otoño
ya que le quedan sólo el duelo
y las estatuas del amor
Cada ciudad puede ser otra
Mario Benedetti

El cuerpo guarda memoria?
Pareciera que no, al menos no en estos tiempos, plagados de vacío y sinsentido, en que nos absorbe y rodea un declive en la intimidad y profundización del propio yo; este nuevo mundo de instantes devora al ser y le encierra en un círculo vicioso de consumo desmedido disfrazado de narcicismo; el cuerpo ha dejado de ser el hogar de un alma, para convertirse en el transporte de una necesidad, de un vació extremo que llenamos con objetos.
Esta constante adquisición y desecho de seres, objetos y servicios nos aleja de de nosotros mismos, de lo que somos y fuimos, de la memoria que se ha transformado en símbolo de decadencia, somos una sociedad que olvida o finge olvidar.
Solo el cuerpo se niega a perder esta cualidad; recuerda con cada musculo, con cada vena, con cada nervio; al recordar una tarde lluviosa sentimos el frío que la acompañaba; si evocamos ese beso que nos robo el sueño durante semanas, podremos sentir -con seguridad- todas las sensaciones que nos provoco en el momento, la emoción, el vértigo que revoloteaba en las entrañas, el calor del otro; todo cuanto aconteció en ese instante es evocado y revivido por el cuerpo.
“El cuerpo físico, sus emociones y el mundo afectivo articulan una noción de intimidad… Antropología del cuerpo, sociología de las pasiones, historias de y desde la esfera corpórea, reponen este vínculo material que nos une al universo” (Scarano).
La memoria del cuerpo no es solo recuerdo, evocación, es realidad vivida y revivida en un tiempo y espacio. Para lo cual no se requiere más que sentarse en la misma roca que compartimos con aquel ser que en otro tiempo tanto nos apasiono, para sentir de nuevo esa alegría que nos robara una sonrisa, ante nuestro asombro de que el tiempo pasa, no las memorias, ni los espacios.
ESPACIO
Gastón Bachelard, en su estudio “La poética del espacio” sostiene que “para el conocimiento de la intimidad es más urgente que la determinación de las fechas, la localización de nuestra intimidad en los espacios” (Bachelard). Espacios que reviven de una manera nítida lo que en ellos guardamos, lo que en ellos vivimos, el espacio es para el hombre uno de los más importantes elementos, tanto como el aire, tanto como si mismo.
El primer espacio en que es depositado el hombre es la cuna de la casa, la que “lo sostiene a través de las tormentas del cielo y de las tormentas de la vida. Es cuerpo y alma.” (Bachelard)
Somos seres que habitamos, vivimos dentro de nosotros y de las estructuras que edificamos, por ello la casa se transforma en cuerpo, porque en ella caminamos, aprendemos, vivimos para otros desde ella; la casa es el primer contacto con nosotros mismos.
De esta forma se crea una enorme cadena de espacios que encapsulan nuestro cuerpo y sus memorias, las que más que temporales, son espaciales. En ellos descubrimos la intimidad de nuestro propio ser. El que contiene la memoria del cuerpo que la vive y el espacio que la recibe.
Para poder convocar la memoria, el cuerpo se apropia del espacio, lo hace suyo por las vivencias que en el vierte, ya que esta sólo recordara a través del espacio, el que envuelve cuerpos y tiempo congelado, comprimido, donde nuestras vidas se entrelazan.
Entonces el espacio cobra vida y se transforma en sacramento “El hombre posee esta cualidad extraordinaria: la de poder hacer de un objeto un símbolo y de una acción un rito.” (Boff), el espacio es ahora sentimiento: tristeza, alegría, emoción, enojo, nos evoca algo, nos evoca a alguien.

Por ello los caminos de todo el mundo se llenan de personas que peregrinan cada año a recintos religiosos, por que el espacio ha sido mitificado, sublimado a sacramento, por ello las personas visitan el panteón almenos una vez al año, no es solo un pedazo de tierra, no es tan solo una cruz o lapida con signos incrustados, es el lugar en que reposan las memorias vividas con un muerto.

El espacio en nuestra cultura, es un vientre, que amamos u odiamos igual que a la madre, la que nos contuvo antes de nuestro encuentro con el mundo, la que se asemeja a la casa.

ESPACIO, MEMORIA DEL CUERPO
Así como el alma necesita del cuerpo, el cuerpo necesita del espacio, sacramento catalizador de la memoria de este, todo cuanto vivimos se encuentra registrado en las paredes que inmóviles nos observaban.
El espacio es de todos y es individual, en la casa, todos vivimos, más en ella poseemos un espacio personal, el espacio propio, al que Bachelard llama “rincón” para él “el rincón es un refugio que nos asegura un primer valor del ser: la inmovilidad. Es el local seguro, el local próximo de mi inmovilidad. El rincón es una especie de semicaja, mitad muros, mitad puerta.” (Bachelard)
Es allí donde nos encontramos con nosotros mismos, vislumbramos nuestra alma y enfrentamos nuestros propios demonios, la soledad, el miedo, el astío las largas tardes amarillas de fin de mundo que parecen no tener fin, lo que callamos y lo que decimos, lo que pensamos y lo que hacemos, todo se concentra en ese rincon, en nuestro rincon del espacio.
“Para los grandes soñadores de rincones, de ángulos, de agujeros, nada está vacío, la dialéctica de lo lleno y de lo vacío sólo corresponde a dos irrealidades geométricas. La función de habitar comunica lo lleno y lo vacío Me convierto en el alma y el espacio es mi cuerpo”. (Bachelard)
Son esos los rincones de privacidad, donde mi cuerpo y el espacio pueden fundirse de nuevo, pueden entablar dialogo y revivir esas viejas memorias que ambos guardan

UN ALMA, UN CUERPO.
Un alma: yo
Un cuerpo: el espacio.
Los huecos, son los rincones del alma donde nos refugiamos de un mundo amenazador, que conjugado con el espacio reducido, se interpreta como el retorno al vientre materno, a mi propio centro, un alma dentro de un cuerpo, mi vida da vida al espacio que carece de ella, y se alimenta de las vivencias que en él depositan los Otros.
Me cubro el rostro como índice de la ruptura del vinculo social, ya no soy yo y el espacio, nos fundimos en un solo cuerpo, en un solo ser, dentro de él recobro la intimidad perdida en el mundo; el hueco ya no es hueco, ha sido llenado con mi cuerpo, el que guardara registro en forma de memoria.



-----------------------------------------Bibliografia--------------------------------------------
Bachelard, Gastón. La poétia del espacio. Buenos Aires, Argentina: FONDO DE CULTURA ECONÓMICA DE ARGENTINA, 1957.
Boff, Leonardo. pochiteo.files.wordpress.com. 18 de octubre de 2006. 23 de Mayo de 2009 .
Scarano, Laura. Palabras en el cuerpo. Ed. Biblos., 2007.

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